
FERNÁNDEZ-PUNSOLA, Adolfo; AVÍN, Luís; GONZÁLEZ FUENTES, Juan Antonio; ORTEGA, Coque; PELAZ ANSORENA, Jesús Ignacio; SÁIZ VIADERO, J. R. (2010): Ocaña y los del Norte, Santander, Galería ZOOM.
Catálogo de la exposición que Adolfo Fernández-Punsola comisarió en la Galería Zoom de Santander a principios de 2010. Tirada limitada de 50 ejemplares numerados.
OCAÑA Y LOS DEL NORTE,
UN PROBLEMA DE LENGUAJE(S)
He escrito la palabra Ocaña en "google" y la primera entrada de la enciclopedia "wikipedia" dice: "Ocaña, municipio de Norte de Santander, en Colombia". Y un poco más abajo se accede a unas líneas sobre José Pérez Ocaña (Cantillana -Sevilla-, 1947-1983), a quien se le define como pintor naïf, activista LGBT* del "Estado español" (las irónicas comillas son mías) y andaluz afincado en Barcelona. La corrección política es así, y hay que aceptarla como tal, para no echar más humo de la cuenta: cosas del lenguaje, que en estos folios tanta importancia van a tener. José Pérez Ocaña: un marica, pintor naïf, andaluz en la Barcelona de la Transición. La misma definición pero desde la incorrección. Quédese el lector con la que más le plazca, o invéntese otra, el personaje puede dar, sin duda, para varias.
* ("Lesbian, gay, bisexual and transgender". ¡Manda güevos!, que dijo en célebre ocasión parlamentaria un castizo shakesperiano)
Ocaña, José Pérez, protagonizó en 1978 una película documental de Ventura Pons en la que el principal asunto (pero no el único, claro) era él mismo, su vida, su obra y, quizá por encima de todo, sus circunstancias, que diría el elocuente Ortega, (sí, y Gasset). La película se titula "Ocaña, retrato intermitente". Casi al final de la cinta, Ocaña, el andaluz en Barcelona, le dedica unas frases, muy pocas en verdad, a algunos de sus amigos. De quien más largo habla es de Adolfo, curiosamente el único de los mencionados (lo juraría, pero hablo de memoria) que no sale ni en un sólo fotograma firmado por Ventura Pons. Literalmente dice Ocaña del fantasma (circunstancia) Adolfo (nombre propio): "Y también hay otro, que lo he querido muchísimo, y aunque estoy enfadado con él, lo sigo queriendo, que es Adolfo. No sé, Adolfo es un poco intelectual, es bastante inteligente, tiene bastante sensibilidad, una lengua un poco picaresca (el subrayado es mío), dice que quiere ser mala o quiere ser malo, pero en realidad es un chaval con un corazón bastante grande y una sensibilidad bastante fuerte". Fin de la cita.
Al parecer, Adolfo era a la vez poco y bastante (el lenguaje lo proyecta todo, lo dice todo, a veces sin decirlo). En rememoración tan breve de Adolfo se le suman dos "pocos" y cuatro "bastantes". Los "pocos" acompañan a intelectual y a picaresca. Los "bastantes" a inteligente, a sensibilidad, a grande y a fuerte. Toda una mina de metalenguaje para el médico vienés, un tal Freud, ¿recuerdan?
Pongámosle hoy, marzo de 2010, y desde el oficio de historiador, una nota a pie de página al documental catalán filmado por Ventura Pons en 1978, cronológicamente el III año de la Transición hacia... (rellene el lector el hueco a su gusto: ácido, dulce, salado o soso).
El Adolfo de Ocaña es Adolfo Punsola, natural de Cabezón de la Sal (1954), municipio del oeste ("western", raíces profundas de cinefilia) de Santander, hoy Cantabria, más Norte de España imposible. Estudiante entonces del arte y su historia en una universidad de Barcelona; un joven de 20 años que acabaría haciendo moda en Cataluña con Antonio Miró, para más tarde hacerla en Cantabria y convertirse además en empresario, articulista, conferenciante, muñidor de exposiciones... (¡qué importante el suspense de los puntos suspensivos!). Y poniendo mucho cine, mucha pintura, mucha novela y "bastante" poesía en cada trazo de lápiz, en cada prenda de punto, en cada palabra pública pronunciada, en cada línea escrita, en cada exposición urdida.
Ocaña y Punsola, dos españoles (Sur y Norte, respectivamente) en la Barcelona de la transitada Transición. Uno con apellido (nombre) de lugar santanderino de geografía conquistada por el viejo Imperio en ultramar; el otro, natural y residente en un lugar santanderino del ya desaparecido Imperio peninsular. Los dos, sin embargo, dejaron prendida en alguna rama de sus primeros caminos su primer apellido, apellido racial y radicalmente español, apellido que quizá era una incómoda, plebeya y "mosquetera" flor de lis en la Barcelona que transitaba entonces, "piano piano", no hacia el status imperial (de momento), pero sí hacia el de Nación, ¡pues no faltaba más! El uno era Pérez, el otro era Fernández. (Pérez) Ocaña y (Férnandez) Punsola. José y Adolfo.
Fue cenando una noche en un local de Santander de nombre “Días de Sur” (qué curioso, ¿no?), cuando Adolfo (Fernández) Punsola me habló por extenso de Ocaña y los del Norte, es decir, de él mismo. Adolfo me habló de Ocaña desde el género autobiográfico, y lo hizo mientras mostraba imágenes y trazos reveladores de aquel tiempo. Unos recuerdos de plasticidad tan potente, que una camarera del local, por su acento hispanoamericana, se acercó para interesarse por lo vislumbrado entre plato y plato, entre copa y copa, entre café y café.
A mí, lo confieso aquí y ahora, ni me interesaba ni me interesa “bastante” Ocaña. El de Cantillana (¿Santillana sevillana?) es una circunstancia vital y un quehacer artístico que me someten a la desértica distancia de lo verbalizado en una lengua ajena y casi incomprensible. Ocaña me es ajeno, aunque en sus hoy denostados e ingenuos lienzos palpo más sinceridad plástica, más verdad y frescura en color, que en muchas amaneradas y manoseadas propuestas que se muestran en galerías y museos, pura liturgia de la impostura.
Llegué a Ocaña y los del Norte siguiendo las migas de pan que Federico Jiménez Losantos dejó en las páginas de su autobiografía (otra) barcelonesa: "La ciudad que fue. Barcelona, años 70" (el lector interesado puede leer mi comentario a dicho libro en la revista electrónica "ojosdepapel", 8-1-2008).
(Jiménez) Losantos retrata en su autorretrato el escenario barcelonés en el que (con los matices que se quieran y las precisiones necesarias) también se desenvolvieron Ocaña, Adolfo y otros “del Norte” como el pensador Alberto Cardín Garay (Villamayor –Asturias–, 1948), fallecido prematuramente enfermo de SIDA en la olímpica Barcelona del 92, y su primo, el cineasta Jesús Garay (Santander, 1949). Por (Jiménez) Losantos regresé al Punsola con el que, tiempo atrás, compartí en Cabezón de la Sal (¡de la Sal!) bizcochos de soletilla, fotos de Marilyn Monroe y algún resquicio de Emilio Pucci. Y a través de Adolfo llegué a Ocaña. Itinerario jeroglífico en realidad significativo: de Jiménez a Fernández para llegar a Pérez.
JUAN ANTONIO GONZÁLEZ FUENTES
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2 COMENTARIOS:
Muchas gracias.
¿Hay alguna forma de poder leer el catálogo? (Desde el blog no tienen lectura)
Saludos
...bueno...de hecho he visto que clickando sobre el documento se puede leer. Disculpa.
Grcaias.
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