OCAÑA EN PALMA (DEL CONTESTATARIO CONSTANTE)



HEMEROTECA (09/12/1978):

Ocaña expondrá en Palma

“Cambio de atuendo por naturaleza”

“Me conformo con que me respeten y me paguen”.— (Foto: Leonor).

Palma, (G. Soler Summers).— “Pinto porque es una afición que he tenido desde pequeño, y no me aprovecho en absoluto de mi fama popular. Mi “rollo” es diferente y por eso están equivocados algunos cretinos, que en ocasiones quieren hacerse los intelectuales. ¡Un momento! Yo respeto a los cultos, pero no a los majaderos de la cultura, que los hay y muchos”. Ocaña, sevillano, enamorado de los mantones de manila, el lápiz de labios, el rímel y también del colorete y que sólo bebe cerveza en las reuniones, se ha pasado a la pintura.

Todo es una feria

“Voy a convertir “4 Gats” en una caseta de feria, y todo será una borrachera de color y alegría. La alegría, –mi alma–, como el lío, el amor y otras cosas, es lo que me va a mí. Todo eso nació conmigo, y si no, dejaría de ser Ocaña”. Ocaña es fiel a ese fenómeno del sur de España, en donde se entremezclan la marginación, el hambre, la explotación y el ansia de salir de sus soleados “ghettos” blancos.

—Así que tú pintas desde que eras casi un niño de teta...

—Querido, pinto desde pequeño, aunque alguna lengua de doble filo dice que me aprovecho de mi fama como actor de cine, y la verdad, mientras la productora le ha sacado a la película ya, ocho millones, Ocaña sólo ha cobrado doscientas mil pesetas.

—¿Ya te las has gastado?

—Pues claro, si no de qué voy a vivir yo, ¡niño!

No tiene muchos gastos

—¿Tienes gustos caros y sofisticados?

—Ni hablar, corazón. Me lo gasto en mis pinturas y papeles, en pagar el piso y poder ir tirando. No pago vicios, y siempre sale algo extra.

—¿No tienes algo de provocador dialéctico?

—Sí, lo reconozco, me gusta provocar a la gente y especialmente a los periodistas, corazón.

—¿Así que te va la marcha?

—La marcha, y lo que no lo es. A mí me va la alegría del corazón, y la que sale por mi cara.

—¿Qué tiene tu rostro de particular?

—Esa nariz tan larga, que es algo que contribuye a que la gente me mire dos veces cuando me ve. Fíjate, corazón, Mari Martín que parece aún una rosa, me dijo que me la operase, y le dije que no. ¿Cómo me la voy a operar, si haciéndolo perdería toda mi gracia?

—¿Nuestra televisión no se pierde un poco por no tener a Ocaña en su plantilla de presentadores?

—Seguro, pero cómo quieres que me saquen, si la última vez que fui me cortaron toda la entrevista. ¡Son más serios esos mandamases! Se asustan por todo, incluso por cuatro cosas que digo.

—Pero es que las dices de una forma...

—¡Niño!, si están en el diccionario y las dicen también señores muy académicos.

Ocaña es una constante caja de resonancias de su tierra, y se expresa en ese lenguaje llano, tan salpicado de tacos y palabras altisonantes. Vital en su modo de expresarse son los gestos, que desparrama con sus manos y rostro. Utiliza adjetivos y nombres cariñosos para dirigirse a sus interlocutores, pero aún siendo un contestatario constante, respeta a los demás.

Él y sus fetiches

—¿Conservas la religión que te enseñaron de pequeño?

—Quedan en mí algunos fetiches de ella, y son cosas que van con uno mismo hasta la tumba, por haberlas mamado desde muy pequeño.

—¿Tanto apego le tienes a la Semana Santa?

—Es algo que vive con Ocaña, y que le hace poner de piel de gallina cuando asiste a una en su tierra.

Ocaña no renuncia en ocasiones a demostrar que ha leído algo. Como buen autodidacta, dotado de ingenio, picardía y gran sentido de orientación en el mundo que le toca vivir, el travesti metido a pintor –que antes lo fue de brocha gorda– cita nombres de políticos, intelectuales, pintores e, incluso, suelta parrafadas de libros de minorías selectas.

Sus disfraces

—¿Disfrazarte, es vital para ti?

—Cambio de atuendo por naturaleza, en uno de los últimos carnavales me disfracé de “Primavera” de Botticelli. ¡Una monada, y tuve más éxito!

—¿Hubieras preferido nacer mujer?

—Estoy encantado por haberme parido mi madre como Ocaña.

—¿Quién tiene tu paternidad?

—Todas mis obras, incluso las flores de papel que realizo. Tú no te lo puedes imaginar, pero adoro tanto las flores, y la naturaleza, todos menos a los “gilis”.

Barcelona para Ocaña es algo vital en su proyección humana y artística. Es muy posible que si no hubiesen existido las Ramblas barcelonesas Ocaña las hubiera inventado. “Soy un enamorado de las Ramblas, pero de un tiempo a esta parte están insoportables, y tienen un color muy gris”.

Ocaña nos habla también de su estancia en Cannes, durante el festival de cine, de lo “tontainas” que son muchos de los divos del séptimo arte, y de lo bien que se lo pasó. Estaba contento de la experiencia, pues había logrado acaparar muchas de las miradas del festival, algo vital para su tranquilidad de espíritu.

Seis días en la Modelo

—¿Qué experiencia sacaste de los seis días que tuviste que pasar en la cárcel Modelo de Barcelona?

—Fue algo muy interesante, pues el “rollo” es continuo allí. La gente es humana y la verdad es que no lo pasé tan mal.

—¿Los “gay” son violentos?

—Que va, es un cuento, lo que pasa es que se pueden enfadar si se meten mucho con ellos.

—¿Tienes carnet de alguna cosa?

—Sólo el de identidad, pues considero que los que tienen otros, se debe a que se aburren y por eso necesitan estar afiliados a algo.

—¿Así que nunca te has aburrido?

—¡Qué va!, siempre me he sabido divertir y sacarle jugo a la vida.

—¿Pecas de vanidoso?

—¡Pecar yo de vanidoso! Eso es una calumnia. Si peco, será de humano.

Con mantón de Manila

Ocaña continúa siendo una caja de sorpresas con mantón de Manila y bombín, aunque en ocasiones lo cambie por una peineta y un clavel rojo.

—¿“La gauche divine” es un rollo que te va?

—Ni hablar, corazón, pues a mí los de la “gauche” no me hacen tilín. Mi “rollo” es distinto al de ellos, lo que sí ha ocurrido es que nos hemos utilizado mutuamente. Ellos montaban fiestas muy divertidas, en las que se bebía de lo bueno, comíamos mejor y, de paso, siempre te ligabas a alguien. Todo el mundo utiliza a sus semejantes.

—¿Eres un negociante en el fondo?

—Me conformo con que me respeten y me paguen, nada más.

Ocaña pintor, es un artista que ha aprendido por sí solo aunque no niega que tiene algún padre artístico. Se inspira en la calle, y en esos personajes que se ven tomando el sol, o bajo un paraguas de la lluvia otoñal.

Le van todos los colores, y no tiene más ambiciones que hacer lo que le gusta. Para la inauguración de su muestra, la segunda que monta, prepara buenos números para deleite de muchos y dolores de cabeza en algunos. Ocaña sigue siendo un retrato intermitente.

Publicación: DIARIO DE MALLORCA
Fecha: 09/12/1978
Página: 13
Autor: (TEXTO) G. SOLER SUMMERS Y (FOTO) LEONOR




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