OCAÑA: LA VIDA ENTERA ES UN TEATRO

Yo soy un teatrero, pero puro.

José Pérez Ocaña

“Ocaña, pintor y travesti”. Con esta denominación se solía presentar a Ocaña en numerosas publicaciones. El titular, tan genérico como incorrecto, molestaba muchísimo al artista y es que la etiqueta de travesti nublaba una de las pasiones de Ocaña, otra de sus manifestaciones artísticas donde mostró un mayor nivel de modernidad… el teatro.

A Ocaña le fascinaba el Arte Dramático, se quedaba hechizado ante aquellos actores que, una vez encendidos los focos, eran capaces de metamorfosearse en los personajes más variopintos. La transformación, por tanto, será una de las máximas en su trayectoria artística.

El teatro llenó por completo su pintura, su arte y su propia vida. Durante su última etapa, se consideraba actor de “teatrillos”, pequeñas escenas de corte popular que interpretaba en plena calle o en interiores. Ocaña lograba con este tipo de actos uno de sus objetivos fundamentales: la provocación. Transformarse en mujer, adquirir una personalidad distinta e improvisar cualquier interpretación en plena calle se convertía para él en la mejor forma de escandalizar y reivindicar, tanto los derechos de las personas marginales, como el folklore andaluz. De la simbiosis de ambas circunstancias nace la figura y el arte de Ocaña.

Innovador, trabajador incansable, creativo, irónico… no dudó en incrementar la importancia de esos “teatrillos” incorporando nuevos elementos creados por él, alcanzándose así una obra completa del artista. Llegados a ese punto, hay que hablar de la escultura en la obra de Ocaña, una faceta muy poco estudiada y relegada a favor de su pintura.

Ocaña, artista sin recursos económicos, comenzó a trabajar la técnica del papel maché con gran destreza, adquiriendo sus figuras la misma intensidad expresionista que sus pinturas, en las que también plasmaba influencias de Chagall, Matisse o Modigliani. El papel de periódico, la cola y los alambres dieron forma a todos y cada uno de los fetiches del artista, aquellos elementos que configuraban su mundo, los objetos y las imágenes que formaban parte de aquella escenografía que rodeaba la mejor de sus obras: su propia vida. Así nacieron angelitos, querubines, flores, vírgenes, niños, ancianas, estrellas, soles, lunas, gitanas, plañideras… Prototipos con los que el artista afloraba todo aquello cuanto se cocía en su interior.

Solía realizarlas en la soledad de las noches y, según sus propias palabras, se sentía plenamente “identificado con los muñecos de alambre revestidos de papel de periódico”; por ello, defendía sus esculturas como “humanas” y aunque eran muy “humildes”, estaban “llenas de arte”. El hecho de calificar sus figuras como “humanas” nos remite a una de los distintivos de la obra de Ocaña: la vida, su vida. Recordemos que siempre tuvo una motivación: insuflar la vida en sus obras; en su faceta pictórica fue presentado en alguna ocasión como “el pintor de las escenas vivas”.

Lejos de adquirir un carácter meramente expositivo, tenían otra función. Ocaña las creaba para montar sus teatros. Él interactuaba con estas figuras, maquillándose y vistiéndose de forma similar, de tal forma que se convertía en una de ellas. Rodeado de estas impasibles e hieráticas estatuas, interpretaba con absoluto y único desgarro guiones populares improvisados y obras de los maestros Lorca o los hermanos Alvárez Quintero.
Ocaña lograba así insuflar vida propia a sus figuras, que no nacían para exhibirse, sino para adquirir una dimensión dramática más allá de sus características materiales. En este sentido cabe hacer la siguiente reflexión, estos “teatrillos” de Ocaña reúnen todas las características para ser consideradas auténticas performances, que en torno a los años 1977 y 1978, cuando comienza a hacerlas en Barcelona, suponían una gran novedad para la época. En estos años la perfomance nacía y se desarrollaba a nivel europeo y americano sin llegar a nuestro país, de ahí que nadie nunca definiese como tales estas manifestaciones, que reunían al mismo tiempo pintura, escultura, teatro, música, vestuario…

La transgresión que convirtió en mito a Ocaña se multiplica en esta faceta artística. Dramas familiares, homenajes a artistas, cuadros flamencos, muertes, velatorios y entierros, paseos de señoras, procesiones de vírgenes… eran las temáticas más habituales. Con estos “teatros” Ocaña se adelantaba a la llegada de las influencias europeas sin ser consciente de ello, introducía la performance en España. Sin embargo, éstas adquieren una dimensión especial al constituirse como una manifestación y ostentación llena de reivindicación, provocación, reconocimiento y ruptura con las normas establecidas. No debemos olvidar la existencia de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social que desde 1970 convertía la homosexualidad y su exhibición pública en delito y motivo de persecución y castigo policial.

Hay que aclarar que existe en este caso un componente tradicional muy presente y acusado; en Ocaña esa interacción con su imaginería es una herencia centenaria de Andalucía, donde las procesiones y ceremoniales religiosos, como la Semana Santa o la “Subida” de la Virgen de la Asunción en su pueblo natal, lleva intrínseca esa simbiosis y ese dialogo entre el público y artista con la obra de arte.

Las esculturas se alzan, por tanto, como una de las expresiones artísticas más completas de Ocaña, fundamentales para captar la verdadera esencia y la gran dimensión que alcanzaba todo el universo que rodeaba a este artista. Las esculturas son sus pinturas en tres dimensiones, su vida, sus sueños, sus recuerdos… en definitiva, el teatro de su vida hecho papel maché. Hasta tal punto adquiere importancia que su propia muerte fue resultado del último de sus “teatrillos”, la procesión triunfal del Rey Sol en el homenaje a la vieja más vieja de Cantillana, aquel fatídico verano de 1983.

Hoy sus esculturas, la huella del Ocaña más íntimo, se presentan ante nuestros ojos como imagen de una Andalucía real en su contenido y de una Barcelona efímera, de papel y alambre, en su materia, que él mismo creó con su presencia y destruyó con su ausencia. Recuerdo de una época que ansiaba libertad con desesperación, que creaba a partir de sus raíces y costumbres, un mundo vivo, optimista, cruel, reflexivo y libre. Testimonio de uno de los paseos más famosos a nivel mundial, de la barcelonesa Rambla de las Flores, que tuvo durante años el título popular de quien le dio vida, imagen y personalidad… “las Ramblas de Ocaña”. Humanista, filósofo, antropólogo, pintor, escultor, tradicional, moderno, transgresor, luchador, adelantado… teatrero, en definitiva. Todo ello y mucho más fue Ocaña y para recordarlo, su imaginería.

Tras toda esta reflexión en torno a la escultura de Ocaña y a todo el universo creativo y transgresor que las rodeaba, se evidencia la necesidad de un artículo, de un estudio que indague en sus características, historia y valores artísticos. En definitiva, el análisis de esta faceta de Ocaña nos abre el telón para contemplar una nueva y rica cara del artista, que desgraciadamente ha sido olvidada durante mucho tiempo.

Recuerdo en una revista llamada "Reporter" que hicieron fotos a mis cuadros y a la hora de la verdad no ha salido ninguno. Yo muy cabreado…

José Pérez Ocaña


José León Calzado
Licenciado en Historia del Arte
Sevilla, 2008
BEATA OCAÑA, 25 aniversario del fallecimiento de José Pérez Ocaña
Para LA ROSA DEL VIETNAM

2 comentarios:

arantxa ruiz de cuesta y martín de zarate dijo...

que bonito el escrito de jose (falsascostumbres) el ha de ser el autor del libro de OCAÑA no crees?

tu amiga que te adora,

arantxa ruiz de cuesta y martín de zarate

LA ROSA DEL VIETNAM dijo...

Jose y yo tenemos un par de cosas entre manos. Ore para que todo funcione...

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