OCAÑA EN PRIMERA PLANA (DE LA REGRESIÓN IMPERTINENTE)




Publicación: PRIMERA PLANA, Nº 31
Fecha: 29/09/1977
Página: ¿?
Autor: (TEXTO) FERRÁN SALES Y (FOTOS) CARLES BOSCH

El «gay» violado

¿Quién es este maricón que osa violar las normas establecidas de nuestra sociedad, desnudándose públicamente cada dos por tres en las fiestas multitudinarias?

Por Ferrán Sales
Fotos: Carles Bosch

¿Quién es este jovenzuelo de aspecto enfermizo, pequeño, seco y enjuto que se atreve a hacer el amor con otro de su mismo sexo en un escenario, interrumpiendo un espectáculo?, ¿quién es este gay que tan pronto viste de hombre como de mujer y que se ha convertido ya en la atracción popular de las noches barcelonesas?

Se llama José Pérez Ocaña, pero todo el mundo prefiere llamarlo simplemente «el Ocaña». Tiene treinta años. Viste un pantalón a rayas, una chaqueta blanca, lleva unas gafas metálicas redondas y cubre su cabeza con un sombrero hongo de color indefinido donde se marchitan poco a poco unas flores jazmín.

–Me encanta el jazmín. Me encantan las flore. Sobre to la flore de coló blanco. Los gladiolos, la margarita, lo crisantemo... –y todo eso lo dice José Pérez Ocaña mientras permanece sentado en una esquina de su cama –su propia cama– que ha trasladado a una exposición de arte, junto con sus cuadros, junto con su álbum de fotos, junto con sus recuerdos.

José Pérez Ocaña aparece allí en la foto sentado detrás de la mesa. Al fondo un mapa de la España del racionamiento. Junto a él su hermano gemelo. Al otro lado un globo terráqueo. Con el pelo planchado, con todos los botones de la camisa y del jersey perfectamente anudados. La foto empeza ya a tener ese color sepia que adquieren todos los recuerdos.

–Me veo en la puerta del sementerio, con toos lo amigo. Iban a enterrar a un compañero y siento como un vasío mu, mu grande. Debía tener como onse años.

–Más lejano Ocaña, ¿un recuerdo aún más lejano?

–...sí, síí..., quisá las tardes que iba con mi padre a recogé la yerba por el campo. Me enseñaba el nombre de la planta y también me explicaba cómo debía hablar con el río. Mi padre de eso sabía mucho porque antes de hacer de paleta había trabajado de barquero. Tenía nueve años.

–Aún más lejos Ocaña, ¿un recuerdo aún más lejano?

–...sí, sí..., quizá los paseos junto al río, cuando íbamos a cortar mimbre para los conejos. Mi padre, para que nos estuviéramos quietos, nos metía a mi hermana y a mí dentro de un saco. Y de ves en cuando nos mojaba en las aguas del río. ¿Miedo? No, no... era como una aventura. Recuerdo, eso sí, el placer del tacto de un delantal de cachemira que vestía mi hermana, me gustaba aquel tacto suave. Era un delantal morao a cuadros...

Si vais alguna vez a Cantillana en la provincia de Sevilla y preguntáis por la casa del Patacán, los vecinos –cualquiera de los tres mil vecinos que viven en el pueblo– os conducirán hasta esa casa blanca que se levanta en la plaza junto al edificio de sindicatos después de haber subido por la cuesta del Maero. Allí en la casa del Patacán, nació y vivió hasta los 21 años José Pérez Ocaña. Allí acude de...



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Nota de LRDV: aunque en el artículo aparece manuscrita la referencia "revista Reporter", creemos que el artículo pertenece a la revista Primera plana.



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