TESIS (GRATUITAS) SOBRE EL ARTE OCAÑÍ (ROSARIO DE PEDANTERÍAS)




I

La actividad ocañí es multiforme, sincrónica y versátil: no sólo pinta, esculpe, decora, canta, recita y actúa; también cocina, al tiempo que crea, y satisface su lujuria, a la vez que hace todo esto.

II

La fuerza ocañí no es histriónica por arrancar de lo corporal y plasmarse en lo figurativo. Tampoco lo es por surgir de una parte concreta de su sexo. Lo es porque, además de todo esto, sirve para que otros se retraten en ella.

III

El trabajo de Ocaña es "humano" por ser a la vez carnal y universal, por ser cálido y representativo al tiempo. Lo es también por ser trasposición de sí misma, a través de lo que de otros sorbe.

IV

La pintura y la escultura de Ocaña no son "naifs": son interletuales, que es una mezcla entre lo comercial, lo calculador y lo intuitivo. La interletualidad ocañí, con su espontaneidad y su carácter apresuradamente sintético, es el espejo deformado de la intelectualidad "progre" española.

V

El arte de Ocaña es psicoanalítico, aunque Ocaña no haya leído jamás a Freud. No tanto porque emplee elementos simbólicos y atávicos, sino porque sirve para analizar tanto a los que la alaban como a los que la denigran.

VI

El genio ocañí es universal, no sólo por ser múltiple y andaluz sino por ser interesado: Ocaña crea para sí, para España entera y para la humanidad, y con eso mismo come, vive, fornica, presume y se recrea como personaje.

VII

El arte ocañí es inmortal, aunque ella tema a la muerte y no sea el suyo un arte "grande": aunque Ocaña muera y se la olvide, habrá vencido a la muerte por su obcecación. Ocaña, en su arte, es siempre más que Ocaña, por empeñarse siempre en ser ella misma sin conseguirlo.

VIII

Ocaña es algo más que una pasión inútil, aunque muchos vean su pintura como una repetición impulsiva: al querer ser mediante una actuación febril en todas las actividades plásticas, alcanza una calidad casi sartriana.

IX

Ocaña es, al fin, el alma de España -más que puedan serlo Lorca, Gala o Cernuda-, no sólo es homosexual, andaluz, flamenco, intuitivo, plástico y poco reflexivo. Es a la vez señora de su casa, sin tener que pasar por la vicaría; es pues la plasmación de la Inmaculada Concepción, tal como Ganivet la imaginaba.

Alberto Cardín


Estas tesis aparecieron, junto con un texto de Albert Febrer, en el reverso del cartel de la exposición Incienso, que Ocaña realizó en el Museo Municipal de Bellas Artes de Santander, en marzo de 1983.

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