CONVERSACIÓN OCAÑÍ COGIDA AL VUELO




Antonio Ferrer Taratiel: Conocí a Ocaña el mismo día en que llegó a Barcelona, era amigo de su hermano gemelo (un machote sevillano) miembro del partido. Comíamos en un bar en la calle la Cadena. Y su llegada al bar fue de película, todos esperábamos un gemelo del Sevilla y llegó una bomba con bombín. (Para la Historia)

Arturo Duque Casas: Conocí a Ocaña en la Barcelona Ramblera de los primeros 80's y me impresionaba su capacidad de sentir de Plaza Catalunya para abajo como su espacio natural, un escenario que todos los días le ansiaba y esperaba sus apariciones. Un cateto universal que daba sopas con honda en una Barcelona que aún persiste.

Antonio: Alguna anécdota tengo de la época, amén del día de su llegada, la primera exposición con su virgen de la Macarena, y alguna que otra en el Zeleste antiguo. Las del Zeleste no se pueden contar en este foro tan serio. Su hermano gemelo trabajaba entonces en la telefónica, y teníamos un piso en la plaza Palacio.

Arturo: Conozco Cantillana y lo tienen en los altares.

Antonio: Las risas que nos pegamos con el bueno del Sevilla, él nos contaba que su hermano era 'mu' macho, y nosotros esperábamos la copia, tipo Pancho Villa, con su bigote y todo, pero no. Lo que llegó fue una cosa divertida, que desde el primer momento se desmelenó. Y lo dijo bien claro, él había salido del pueblo para despendolarse.

Arturo: Y vaya si se despendoló. Barcelona se aceleraba con sus bajadas de Las Ramblas. Antes que el diseño, estuvo él.

Antonio: Disculpa. Primero la María, luego el Ocaña.

La María de las Ramblas y Ocaña
(Foto: Toni Catany)

Arturo: La María y el que hacia de Sheriff, cuando se encontraban a la altura del American Soda, saltaban chispas.

El Sheriff de las Ramblas
(Foto: Colita)
Antonio: Siempre ganaba la María, tenía muchas más tablas. La época divertida de la María fue en los años 68 del siglo pasado.

Arturo: Cuenta, cuenta.

Antonio: Yo tenía 16 años y trabajaba en el restaurante Quo Vadis, en la calle del Carmen, salía de trabajar cada noche hacia las 12:30, una de la madrugada, mi camino de casa era Ramblas abajo, calle Escudellers, joven curioso, te puedes imaginar lo que eso era para mí. Durante el camino a mi casa, plaza de las Ollas, en cada esquina las señoras de la noche me paraban, me ofrecían el oro y el moro (16 años) y yo, joven imberbe, sucumbía ante la tentación. Todo comenzaba a la altura del frontón Colón, el Arco del Teatro, la Cazalla, la Manzanilla, al lado del hotel Cosmos, la vorágine me trasladaba de una esquina a la siguiente. Y siempre las buenas señoras ofreciéndote sus buenos servicios. También circulaban los bujarrones buscando niños tiernos y fáciles de seducir. Y en medio de todo eso siempre estaba la María con sus marineros yanquis, metiéndolos en los callejones que desembocaban en Escudellers y sus aledaños. (Continuará)

Arturo: De estudiante, vivía en la calle Junta de Comercio, después en la Rambla de Santa Mónica, junto Arco del Teatro, más tarde en la Plaza de la Verónica y tuve despacho en los Porxos de Xifré y me parece que nos hemos ido cruzando por esas calles.

Antonio: Un tiempo después, mi primer paso para vivir independiente, fue alquilar una habitación en la calle de las Arrepentidas, con Conde de Asalto. Seguro, el cruce estaba garantizado.

Arturo: Y la calle San Pablo, el Marsella, el solar del Noi del Sucre, la Ermita, llegar al Paralelo, tot tall amic Taratiel.

Antonio: Hasta que una mañana, camino del trabajo, me detuvieron y pasé tres meses en la cárcel, total por tirar cuatro octavillas llamando a una huelga general contra el régimen del general Franco. Claro que teníamos el estado de excepción. Y en ese impasse mi vida dio un cambio. Pero nunca salí del barrio. El primer restaurante lo monté en la calle del Rech, con paseo del Borne, y el segundo, la Odissea, en la calle Copons, 7. Después desaparecí y me fui al campo.

Arturo: ¿Cómo se llamaba el de Rech?

Antonio: Casa Isidro.

Arturo: Sí, hombre, sí, conozco tus fogones entonces. Odissea, no lo conocí. Le gustaba mucho a Xavier Olivé.

Antonio: Pues sí, Xavier Olivé venía a menudo. El salto a la fama, fue una noche en Montjuic con el amigo Pierre, los premios Onda del 80.

Arturo: ¿Qué pasó? Yo me acuerdo del Amaya, el Carballeira, los de la plaza de las Ollas.

Antonio: Junto con Pierre y Llorens Torrado, hicimos el montaje de los Ondas y, como salió tan bien, directo hacia el cielo.

Arturo: Con esos mimbres, no me extraña. Torrado, excelente persona.

Antonio: Excelente persona y buen amigo. Y los mimbres son los que te ofrece la vida. Los coges o los dejas. No se puede dudar a la hora de arrancar el tren.

1 comentario:

Jacko dijo...

Muy interesante discripcion del "momento" .Siempre me seducen las historias de hechos del pasado en zonas como la Rambla .Gracias por contar .

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