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DOS CRÍTICAS DE "UN POCO DE ANDALUCÍA" (DEL ENROLLARSE O PASARSE)



HEMEROTECA (¿?/12/1977): 

OCAÑA 
Galería Mec-Mec 

Poco sé de este joven travesti (según propia confesión) que se dedica a pintar. La exposición ha consistido en la conversión de los diferentes espacios de la galería en un ambiente andaluz. "Un poco de Andalucía" lo titula su autor. La entrada viene a ser como un patio; después hay algunas piezas interiores de una casa. El artista ha trasladado allí muebles y enseres varios convirtiendo la exposición en su propio hogar mientras ha durado. En otro espacio, casi marginal a este conjunto común y sin práctica transición, ha instalado un velatorio. Unos muñecos muy grotescos, arropados de una manera real, quieren ofrecernos el acompañamiento a un muerto, también presente bajo la apariencia de otro muñeco. El interior de una vivienda es imitado y reproducido real y convencionalmente hasta ofrecernos esto: un espacio plástico. La realización de conjunto, el patio, el interior y el velatorio así como una capilla, todo ello mediante el recurso del ingenio y de la realización pertinente nos impresionan porque Ocaña ha comprendido muy bien uno de los aspectos más nuevos de la plástica contemporánea: el arte es la totalidad de los objetos de un ambiente. Totalidad que él busca y alcanza mediante realismo y caricatura. La clave de conjunto tal vez haya que captarla a través de los cuadros, telas pintadas por Ocaña, que cuelgan acá o allá. Estas telas nos ofrecen a un naif, a nuestro criterio más de oficio que de espíritu, pues bajo esta perspectiva Ocaña ha sabido continuar concienciarse plásticamente del valor plástico de todo espacio que, en el caso del velatorio ha complementado con música de ameublement –una especie de hilo musical, manifestación a su vez del ambiente espiritual que se respira.
El conjunto respira una cierta vulgaridad que hay que atribuir más a una falta de entrenamiento y refinamiento plástico del artista en esta primera prueba de creación de un ambiente que al hecho de que se trate de un poco de Andalucía. Pero el camino iniciado por Ocaña es prometedor. A.P.


Publicación: Artes plásticas, n.º 21
Fecha: ¿?/12/1977
Página: 36
Autoría: Arnau Puig

OCAÑA 
o la sintomatología del ‘estar pasado’. 



Pocas veces se nos da tan fácil y aprovechable esta oportunidad (oportunidad siempre presente, a pesar de todo) de organizar el comentario de una manifestación pictórica sin tomar demasiado en consideración –e incluso con la mayor desfachatez– la pintura que verosímilmente está en la misma base del acontecimiento. Posibilidad –aprovechada aquí por el propio sujeto exponiendo, se supone, en trance de 'pasar' de lo expuesto y centrando así su interés y su actividad en lo circundante: todo menos la pintura–, posibilidad, decía, de tomar en cuenta aquello que personalmente uno encuentra de más atractivo; es decir, eliminar (aunque al fin y al cabo sea sólo parcialmente) el núcleo o motivo de la acción (la pintura, el objeto, el "espai parat" con intención significante, etc.) para concentrarse en una exterioridad que es más o menos aparente en dicha acción, en su superficie, digamos, en absoluto secundaria, de lugar ciudadano o galería, de presentación, de catálogo, de vernissage, de público...


Claro que de entrada uno está también en la obligación de dudar –sobre todo después de leído el texto de Ocaña en el catálogo– acerca de las verdaderas pretensiones del sujeto. Porque ¿resulta auténtico este desnivel existente entre la polvorienta, ajada, triste, desbordante inmediatez del marché aux puces presentado para un ambiente familiar, regresivo, a base de viejos muebles y personajes construidos, y la mistificadora nostalgia romanticoide que nos parece entrever en el hecho de asegurar Ocaña que "me gustan los cementerios, lo trágico de los entierros, las imágenes barrocas y las viejas andaluzas, como las poesías de Lorca" (sic) (y aquí todos sabemos a qué tipo de personas se refiere), para continuar diciendo que "somos los andaluces poesía, tragedia, paredes blancas, sangre, cal, ladrillo y rejón en el recuerdo, y en el monte bandoleros de ojos negros y gitanos ágiles y voladores" (sic)? Así, apartando de momento las incalculables posibilidades de un texto que leído en su totalidad sobrepasa con creces la ambigüedad media de lo subjetivo para caer en la entropía del exceso/nada informativo, habrá que sacar una conclusión momentánea en el sentido que Ocaña vive en un mundo andaluz hecho de un recuerdo que oscila peligrosamente (para su integridad personal no física, por supuesto) entre las escenografías más folklóricas y tópicas para el teatro lorquiano peor asimilado y las ya tan depauperadas "honradez y hombría de buena ley" del Curro Jiménez televisivo –rayo que no cesa en todos los sentidos. ¿Hay que entender lo pintado/construido según la vertiente que presenta de delicuescencia e inefabilidad poética, de manera que se mantenga paralelo al texto literario, o, por el contrario, ignorar la escritura para concentrarse en un repertorio objetual que ya de entrada desaparece detrás del aspecto residual que la absoluta falta de recursos en su realización, sobre todo en el terreno técnico, le proporciona? De ser aceptable la primera opción, el environement montado por Ocaña nos ataca con un deseo regresivo poco claro: chapuza, apaño, bricole mistificadora que presenta un cadáver como ser vivo, todo ello entendido sin duda por su público –que suele 'pasar de todo'– precisamente como lo contrario; es decir, en su aspecto ascético (inexistente) como una redención en la manualidad. La segunda opción, en todo caso, no contribuye en absoluto a aclarar las cosas. Resulta evidente que la faceta de bricoleur de Ocaña nace más de unos medios teóricos y técnicos no posee que de la falta material suplida por la imaginación práctica; así es como un maniquí desmembrado y recompuesto, o un esqueleto de lo que fue en su momento un mueble, no nos sugiere en definitiva otra cosa que aquello que ya es en el amontonamiento casi heterogéneo de objetos que se nos muestran: el bricolage que trata de esconderse como un defecto, como una carencia, resulta casi siempre pertinente en el discurso por su misma impertinencia.
Un cierto desfase entre Ocaña y su entorno humano es localizable, por el momento, en que mientras el no 'pasa' (pongamos aquí aparte la acepción primera y quizá más clara de todo un repertorio léxico cuya variación semántica se origina en el ambiente de las drogas), su carencia de recursos vista como voluntariedad le hacen ser entendido como quien 'pasa'. De este modo, y si nos detenemos nada más que un instante en el problema, deberemos admitir que mientras el hecho de 'pasar' implica (aquí, ahora) una actitud digamos desmitificadora que no apunta a nada (o mejor, que apunta a un conglomerado supuestamente mítico desde lejos, 'estar pasado' supone en apariencia situarse en el propio terreno mítico descompuesto, como un envejecimiento prematuro. 'Pasar' frente a un hecho o cosa cualquiera –¿frente al 'rollo' mistificador?– sugiere, en la propia actitud del sujeto que se excluye, una acción desmitificadora moviéndose, por paradójico que pueda parecer, en la más absoluta pasividad. Es, antes que una acción, una detención consciente de defensa cuya supuesta eficacia surge invariablemente de lo (ya cada vez menos) inesperado. Así, si 'pasar' consiste en perder voluntariamente el tren de una colectividad recostada en la alienación mítica pensando que su destino y el nuestro no coinciden, 'estar pasado' puede indicar haber cogido el tren –y no necesariamente después de haberlo rechazado (¿'enrollarse mal'?) porque después de todo su destino no tiene porque ser peor que el nuestro.
La problemática sugerida por la exposición de Ocaña como acontecimiento, más que por la pintura, y, en definitiva, por el conjunto, Galería-Público/Montaje-Pinturas presentado así como clara oposición, reside en el hecho –ya conocido por lo demás– de la circularidad de corte alucinante de un Sistema estructurador: el rompimiento (sólo teórico) de este sistema devorador y poderoso, 'pasado', se constituye seguramente en los que 'pasan', pero como subsistema a su vez devorador de quien está 'pasado' con unos medios irrisorios... (lo cual, por otra parte, parece condenarle a ser utilizado por ambos bandos, entre los cuales es probable que acabe pereciendo a no ser que él y su equipaje se decidan a quedarse juntos, dentro o fuera, 'enrollándose bien' o 'enrollándose mal'). P.S.

Publicación: Artes plásticas, n.º 21
Fecha: ¿?/12/1977
Página: 43
Autoría: Pere Salabert



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HEMEROTECA (05/03/2019): 

El 12 de la plaza Reial 

En los años 70, el 12 de la plaza Reial (donde todavía hoy vive Nazario) era casi tan popular y pintoresco como el 13 de la rue del Percebe, que (por si alguien no lo sabe) es el singular edificio que da nombre e ilustra una serie de historietas de los 60, creada por Francisco Ibáñez, y cuya peculiaridad es que no tiene fachada, dejando al descubierto el interior de sus apartamentos y las disparatadas peripecias de todos los vecinos que allí viven.

Viñeta de Los apartamentos La Nave de Nazario dedicada a Ocaña

La comparación inicial viene a cuento porque, a finales de los 70, Nazario reelaboró esta idea del edificio seccionado en Los apartamentos La Nave y, a principios de los 90, le dio otra vuelta de tuerca hasta llevarla (según sus propias palabras) “al límite del mariconeo” en Alí Babá y los 40 maricones; pero, que nadie se equivoque, los dos bloques de pisos que estas obras reproducen no son el del número 12, ni en ellas aparecen los verdaderos inquilinos que a lo largo del tiempo fueron pasando por sus distintas plantas (las extrañas monjas de la residencia de ancianos de la Iglesia Adventista del Séptimo Día o los fieles del templo Hare Krishna en el entresuelo; el bailarín flamenco de fama internacional caído en el olvido y cobijado por dos viejas burguesas, madre e hija solterona, en el principal; los variopintos huéspedes de la pensión, mayormente negros y marroquíes, en la primera planta; y un largo etcétera que Nazario enumera en sus libros Plaza Real safari y La vida cotidiana del dibujante underground), pero en cambio sí que salen reflejadas (sobretodo en Alí Babá y los 40 maricones) esas ganas locas de vivir y de follar tan de los 70 y tan poco de los 90 (por los estragos del SIDA), ese estado general de excitación que imperaba en la segunda planta, donde Ocaña y todas las demás rezumaban juventud y feromonas.
Es fácil imaginar, ya sea como en una de las susodichas macroviñetas o como en un film coral de Robert Altman, Luis García Berlanga o Adolpho Arrietta, en un largo plano secuencia por el pasillo en forma de U que unía los 8 estudios que dividían la segunda planta, un follón de actores de reparto haciendo de locas, entrando y saliendo, yendo y viniendo, de aquí para allá, girando alrededor de Ocaña, la única estrella protagonista de El 12 de la plaza Reial:
En el primer estudio vivía Álex, un estudiante gallego, muy joven y muy guapo, del que Ocaña se enamoró tan perdidamente que le hizo cientos de retratos… Al lado, en el segundo estudio, se alojaba María Luisa, una joven mariliendre madrileña que estudiaba en la Central y era una entusiasta de Ocaña y de todo aquel hervidero de creatividad; aunque su verdadera obsesión era el baile, “la sola mención de la palabra ‘discoteca’ la drogaba” y, como el minúsculo cubículo le coartaba los movimientos, salía a bailar al pasillo. Cuando dejó el estudio, lo cogieron Nazario y Alejandro.

Ocaña en su estudio con Alejandro y Pep Torruella

Por el tercero pasó Josep Maria Caralt, la Carala (o la Pequeñita o la Princesita, a elegir), un joven catalán que tenía una tienda de antigüedades llamada Tarzan, donde también se vendían modernidades (como los primeras figuritas de Mariscal) o se montaban desfiles con Ocaña y sus amigas de modelos. En uno de esos desfiles, Ocaña tuvo la ocurrencia de salir a la pasarela con un cesto lleno de botones que iba lanzando al público, como si fueran flores, hasta que hirió a uno de los asistentes… Más tarde, en ese mismo estudio vivió otro estudiante, Adolfo, la Adolfa, de Santander, con su hermana recién divorciada. Cuando no se enfrascaba en sus estudios de Historia del Arte o en el diseño de “trapos”, acostumbraba a leerle a Ocaña mientras éste pintaba; una de esas lecturas fue My Life, de Isadora Duncan, que (según Adolfo) “le enseñó a Ocaña cómo el gran arte podía ser inseparable de la desnudez”. Después, llegó Sebastián, un guapo y culto estudiante mallorquín que se disfrazaba de mujer con los vestidos de Ocaña y así se pasaba horas delante del espejo o de la cámara. Una de estas sesiones fotográficas (vestidos los dos de pueblerinas y enseñando la polla) ahora cuelga de las paredes del Museo Reina Sofía. Cuando, a su vez, Sebastián dejó el estudio, Nazario aprovechó para seguir ampliando el suyo (como también hizo al quedarse con el de Álex) y establecer así lo que ha acabado siendo una de las tres partes de la distribución actual de la planta.

Perico con la placa dedicada a Ocaña

La placa conmemorativa en el 12 de la plaza Reial

El cuarto estudio permanecía siempre cerrado y nadie nunca supo. Algo parecido pasaba con el quinto, que lo ocupaban muy de tanto en tanto “gente triste” (en comparación con el alborozo general), hay quien dice que era un picadero de abogados... Un buen día lo alquiló Perico, la Perica, valenciano y de familia bien (como Adolfo y Sebastián), un efebo de voz aguardentosa que, antes de volver a su pueblo y llenar plazas y rotondas con sus estatuas de bronce, hizo la placa que recuerda a Ocaña en el portalón. Se trata de una réplica de un cuadro de Ocaña que Perico hizo en terracota, con el acierto de convertir la bandada original de angelitos blancos en un grupito multirracial. Ese rincón, bajo la placa (como bien dice Nazario), se ha convertido en un “lugar de peregrinación de meadores y fans”.

La polla que indicaba el camino al estudio de Ocaña

Al fondo del pasillo, destacaba el sexto estudio, el de Ocaña, que se distinguía de los otros porque tenía las paredes y la puerta pintados con murales (uno de ellos era una monstruosa polla con ojos); o porque un día dejaba allí apoyado un ataúd que alejaba a posibles cobradores, o porque otro día colgaba del techo una luna de casi cuatro metros que preparaba para coronar su nueva exposición... El estudio de Ocaña no empezaba en la puerta, todo el pasillo era como una prolongación que él ocupaba (como también hacía con la calle) montando desfiles de moda, procesiones o altares de Cruz de Mayo. Por allí pasó media Barcelona y quedó inmortalizado, como una obra de arte más, en una larga toma del documental Ocaña, retrat intermitent. Cuando decidió mudarse al número 10 de la misma plaza, colocó allí a Fernando, la Fernanda, un chiquillo paisano suyo que acababa de rescatar del pueblo y que acabó torturando a todos los vecinos cuando impartía clases de sevillanas en el pasillo. La Fernanda sigue viviendo ahí, al lado de Nazario, y se ha ganado a pulso el título de reina sustituta de la Plaza, alto cargo que desempeña con peineta, mantilla y plataformas. Otra candidata al trono (y no sólo por el apellido) fue Francisco Ocaña, Paca la Tomate o la Paca a secas, el camarero del bar Kike que entre copa y copa subía a la barra y montaba un número “anarcotransformista” (el término es de Jordi Esteva). Cuando perdió el trabajo por culpa de las borracheras, la Fernanda la alojó en el altillo de su piso, hasta que por alguna desavenencia la echó y se quedó a vivir en el pasillo… Nazario está ultimando un libro para sacarla del olvido.

Ocaña en su estudio con la Fernanda

Paca la Tomate y Pep Torruella

El séptimo era de Paco, el Albañil, con sus dos putas. Ocaña y Nazario se divertían espiando por el agujero de la cerradura a los hombres que hacían cola en el pasillo esperando su turno. Las dos putas eran muy discretas y muy enteradas, tanto que un día le comentaron a Ocaña que “corría por ahí una venérea mortal, un bichito que no se mata con nada”. Tras Paco y compañía, llegó Pep Torruella, la Pepeta, otro catalán que alquiló el estudio porque, cuando la policía hacía redadas en los bares de ambiente de los alrededores, él podía zafarse por uno de los callejones que dan a la plaza. Ocaña hacía agujeros en la pared para espiarle y él los iba tapando, descolgando y colgando cuadros…
En el octavo, estaba otro Fernando, la Colombiana (era de Bogotá), que no tenía muy buena relación con Ocaña, al que consideraba una mariquita antigua. Se pasaba el día encerrada en uno de los baños del pasillo, alisándose el pelo que tenía encrespado, preparándose durante horas antes de salir a “mariquear”. Dejó el estudio para irse a Alemania y, con un novio que se echó por ahí, montó una sauna gay. Entonces vino la Ínfima, que (como bien sugiere el mote) era tan poca cosa que nadie la recuerda... Como poca cosa más se recuerda de la otra mucha gente que pasó por la segunda planta del 12 de la plaza Reial.

Publicación: Apartamento Magazine Stories
Fecha: 05/03/2019
Página: en línea (la versión en inglés)
Autoría: (texto) Pere Pedrals y (foto) autoría desconocida

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HEMEROTECA (05/05/1978): 

LAS RATAS DORADAS - IV 

OCAÑA 
UNA ABEJA REINA 

Martí Font y Diego Carrasco 


FICHA PERSONAL 
NOMBRE: José Pérez Ocaña 
ALIAS: Ocaña 
EDAD: 30 
LUCIDEZ: Considerable 
IDEOLOGÍA: Exótica y depauperada 
ALTURA: Media 
RAZA: Calé (por vocación) 
SEXO: Redondo 
PASIÓN: El color y la sexualidad 
ESTADO CIVIL: Soltero 


Ocaña, Ocañita, Ocaña-ae (Primera), coño con el Ocaña. Tío grande, que eres un tío grande. Que sí, chato, que hay que tener muchas narices para vestirse de Manola y ponerse las Ramblas por montera, y subir al escenario de Canet y darse el pico con otra loca, y encima pintar y hacer monigotes que cualquier etiquetador echará en el cajoncito «naïf». Que te lo montas muy bien, Ocañita, que pintas y haces arte con gracia y salero y sin tomarte demasiado en serio a ti mismo, que es lo bueno. Y por eso, ese dúo dinámico de la prensa urbana, el Martí Font y el Diego Carrasco, te han hecho esta entrevista tan bonita. Y el Ventura Pons se ha gastado los carretes contigo y te ha dedicado un filme, todo para ti solito, que se llama RETRAT INTERMITENT, y te va a llevar a ti, resalao, a Cannes y a donde sea. Olé tu gracia, Ocaña.


Una corralera con los brazos en jarras en actitud desafiante de la que brota una catarata de palabras que se atropellan por salir desbocadas de su lengua viperina, el brío de una faraona de Triana cuando se rebela y se rebela, y que explota con una mordacidad acunada en el borde de un abanico, un zapateado rabioso, el desplante de un golpe en el muslo, un puñal afilándose en el fondo de los ojos, un torbellino prefabricado, una vocación de escándalo: ante ustedes, señoras y señores, travestís sin saberlo... ¡Ocaña!
Mezcla de vandalismo sexual y orgullo tradicional, José Pérez Ocaña se ha subido a un pedestal que no tiene escalón de bajada, y que le exige jugar en su reducida plataforma hasta sus últimas consecuencias, haciéndole burlas a la más grande de las condenaciones satánicas que espera a cualquier españolito venido al mundo (te guarde Dios...): la reservada a aquellos que hacen de la provocación y del desmadre un derecho inalienable, la de quienes se sitúan al otro lado del reino del pudor.
Algunos todavía se preguntarán qué es lo que hace para haberse convertido en una celebridad extraoficial, y otros, algo más informados, se limitarán a decir «claro, es el tipo aquel que se desnuda en público cada vez que puede», o «sí, es aquel travestí que se paseaba por las Ramblas el pasado verano», y los miembros de la progresía de lujo quizá recuerden alguna fiesta en la que el animalillo era presentado como atracción especial. Pues nada de eso. Ocaña es pintor, en su doble vertiente de telas y paredes (cuando lo primero no funciona económicamente se dedica a lo segundo), y para demostrarlo está la increíble exposición que el octubre pasado hizo en la galería Mec-Mec. Aquella ocasión fue el momento que había estado esperando, volcó todas sus ilusiones y allí trabajaron duramente, durísimamente, todos sus amigos, porque Ocaña no se limitó a colgar sus cuadros en las paredes. Ocaña transformó el espacio de la galería en una caseta de feria, en su propia casa, en un velatorio, en una iglesia... cada rincón era un todo pensado y realizado con meticulosidad y esmero, entrañablemente, pero sin ningún alarde: todo era de cartón y papel, y los muebles, cama incluida, que adornaban la galería, eran los suyos. El día de la inauguración nadie hubiera creído que pudiera aglomerarse tanta gente en la pequeña calle de los Assahonadors. Aquello parecía una procesión de Semana Santa. La exposición/montaje consiguió un éxito considerable, con varias menciones destacadas en la prensa y hasta un reportaje televisivo para el programa «Trazos».
Pero no nos engañemos, Ocaña no es sólo un pintor; es un pintor además de otras cosas, además de ser Ocaña, que no es moco de pavo: número ambulante, actor consumado –como él mismo reconoce–, gran cupletista, excelente amigo, gran modisto, mediocre poeta, bailarín, escultor, escenógrafo, charlatán, obseso sexual... todo eso se verá públicamente gracias a una película sobre su vida y costumbres, «Ocaña, retrato intermitente», que dirigida por Ventura Pons, se proyectará próximamente en nuestras salas, como suele decirse. ¿Es suficiente?
Pega un chillido adornado de una histeria que no padece, se da unos golpes de abanico sobre el pecho, nos acaricia una pierna y se prepara para la entrevista. Le pedimos que se defina, y nos obsequia con un cuplé, primorosamente interpretado.
—«Yo soy esa / esa pura clavellina que va de esquina en esquina / volviendo atrás la cabeza / Lo mismo me llaman Carmen, que Lolilla que Pilar / Con lo que quieran llamarme me tengo que conformar / Soy la que no tiene nombre / la que a nadie le interesa / la perdición de los chulos / la que miente cuando besa / Ya lo sabéis, yo soy esa...» –se para, se abaniquea, nos mira–. Mira lo que soy, más sencillo de lo que parece. No eso que dicen los intelectuales o los marxistas, que dicen que yo soy... una cosa muy rara –se está refiriendo a un artículo sobre su exposición que apareció en la revista «Artes plásticas», firmado por P. S.
—Bien, pero la crítica que te hacen es que tú sueles usar esa imagen de Andalucía propiciada por el Ministerio de Información y Turismo...
—Pues yo qué te voy a decir, yo no creo que sea ningún folklórico –frunce el ceño, molesto–, ¿y si lo soy qué pasa? No sé cómo defenderme de eso porque no tengo que defenderme.
—¿Pero no has aprovechado esa imagen de andaluz gracioso, típico, que le cae tan bien a los catalanes, para hacerte de un público que te acepte?
—No, no la he aprovechado demasiado. Podía haberla aprovechado al máximo. Después de tantas cosas como he hecho, a nivel monetario podía haberme aprovechado. Podía haber alquilado un teatrillo, o montar un bar, y venga, el bar de Ocaña y todo eso... y, sin embargo, no lo he hecho, a la vista está. ¿Que he hecho una exposición de pintura? Hace mucho tiempo que tenía ganas de hacerla, y tampoco he aprovechado mi imagen –voltea la cabeza en un gesto de no beligerancia–. Pero, bueno, si ellos piensan que me he aprovechado, pues muy bien. He aprovechado cosas mías, y no de ellos.
Cuando contesta no mira al interlocutor, sino que dirige su parlamento a la minúscula rejilla del micro, como si fuera la oreja representativa y elegida por esa base que le sirve de auditorio. Está acostumbrado a dirigirse a un corro de miradas y no se conforma con hablar sólo a dos personas. Necesita alimentar esa expectación que se crea a su alrededor como el polvo que se levanta después de un baile en una caseta de feria, y que promete protegerlo con la misma seguridad que puede intoxicarlo. Pero lo hace muy sanamente, sin aspiraciones, por comunicarse.
—Bueno, háblanos de tu exposición.
—Mira, a mí que me digan literatura, teatro o pintura para el pueblo, pero que lo hagan como yo lo he hecho, no ya a nivel folklórico, sino a nivel vulgar si quieres, pero el vulgarismo del pueblo, el puro, el de la calle... –nos interroga con el gesto, buscando nuestra aprobación–. Entonces, yo digo que si al señorito intelectual no le interesaba, ¿para qué entra si no se entera de nada? –vuelve a dirigirse al articulista mencionado más arriba–. ¡Coño!, compararme con García Lorca, que no tenemos nada que ver. Hablando ya de clases, para decirlo de alguna manera, él era de una y yo soy de otra. Él era de izquierdas, ¿y qué? También en la izquierda hay muchos burgueses y gente de mucha pasta, y yo sí que soy del pueblo, pero del pueblo pueblo, que mi padre era albañil y barquero –dice con claro orgullo de su ascendencia–. Por eso, cuando la gente entraba en el velatorio que yo monté y decía que era lorquiano, yo me cagaba en Dios cincuenta veces, porque eso no es verdad, mi velatorio no era lorquiano –toma un respiro, pero necesita aliñar el comentario–. Yo no quiero que diga que le gusta, pero que me llame «pasao»... ¿quién será ese tal P.S.? Seguro que me tiene envidia o está enamorado de mí. Seguro que es un homosexual frustrado ese P.S. o cómo se llame.
—Entonces tú eres partidario de esa subcultura que un día bautizó Vázquez Montalbán...
—Bueno, pues sí. Me encanta la subcultura, me fascina. No quiero hablar de la próxima exposición porque no quiero adelantar acontecimientos, pero entonces me van a criticar a base de bien... es que para mí una exposición es eso, entrar y disfrutar. Y si yo entro en una exposición donde hay un jarrón de cartón del que salen flores naturales, una imagen de la Macarena, la habitación de un tío, un velatorio donde la gente se lo pasa bien, lo entiendo o no lo entiendo, pero no digo una frase por decir algo...
—O sea, que tú asumes, interpretas y eres consciente de tu papel de folklórica...
—¡Ayyy, yo sí, deja que hablen! Aquí la gente piensa que los andaluces somos muy capillitas, muy católicos, y no es cierto. Sí, nos gustan porque las imágenes son como de nuestra familia, la Macarena, la Esperanza de Triana, la Pastora... y nosotros somos muy coloristas, nos gusta poner flores... Yo, cada vez que puedo, en la Semana Santa de Sevilla echo mi viajito.
—De la cuestión politiquera no quieres saber nada...
—Ayyy, no sé, esos sí que son unos oportunistas... ¡aayyy!, no me hagas hablar de esa gente...


—¿Y del movimiento gay?
—¡Ayy!, ¡qué horribles son! ¡El movimiento gay!... –suelta un grito–. ¡No me hagas hablar! ¡Esa gentees punto y aparte!... –se incorpora, inquieto; le chispean las pupilas, está a punto de saltar una serpiente venenosa–. Una vez fui a una manifestación del Front de Liberación Homosexual, y había una tal que se llamaba Elisea… –da un golpe en el borde de la mesa, un desplante, y se lanza cuesta abajo, envuelto en un torbellino–, ¡y ahora me voy a soltar aquí el moño!, porque yo fui con Camilo, «la Nazaria», otro muchacho que iba vestido de tía... así en plan de reírnos mucho, porque nosotros... mira, nosotros somos muy pueblerinos, y... hombre, nos damos cuenta de las cosas que hay en el mundo, que estamos marginados, que estamos muy jodidos, que nos han utilizado lo mismo los de derechas que los de izquierdas, que a lo mejor el día que entre el comunismo vamos a estar más jodidos... en fin, todo eso. Pero que una loca terrible, maestra de escuela, que hace poner a los niños de rodillas y que le digan de «usted» y de «señor»... que venga a decirme a mí, cuando me puse con mi bandera, que yo era un exhibicionista y un narcisista... pues soy un exhibicionista y un narcisista, y me doy cuenta, y soy consciente de ello, lo que pasa es que no soy un cretino como él que espera estar metido en el Front para aprovechar las entrevistas de televisión y las entrevistas de revistas mediocres del país, que no digo cuáles son porque dejan mucho que desear... ¡y que venga a decirme a mí que con mi bandera tapaba la bandera rosa del Front de Liberación…!; si hay que hablar de banderas, a mí las banderas me la traen floja, porque yo tengo una bandera que tiene siete colores... ¡Decirme a mí que con mi bandera andaluza tapaba la bandera rosa del Front de Liberación, que es rosa descoloría, la madre que las parió! ¡Pues la bandera andaluza tiene mucha más historia que sus puñeteras madres!... ¡Porque es antigua, antigua, antigua! ¡Y se ha corrido mucha sangre por ella! ¡¡Pero por eso... que es un movimiento nuevo de cuatro locas baratas!! ¡Nada, nada, nada! ¡Yo soy antigua, antigua, antigua! Y no pago chulos como algunas... –ha cogido el abanico, para combatir el acaloramiento, pero el sarcasmo le tiembla en el labio inferior–. Bueno, y si hay que pagar chulos se pagan, pobrecitos, que no tienen dinero... Mira, eso es lo que pienso de esas locas. Hay algunas majas, para qué decirte que no, yo tengo algunas amigas muy graciosas, majas. La Banana… esas son muy graciosas, pero las otras… –y vuelve a subir y nosotros a bajar hasta el suelo–. Porque aquí en España pasará como en París, que las gay, las de la antigua Barcelona, esas serán muy graciosas... ¡pero las otras son unas antiguas! ¡Y acabarán solas, y perdidas, y viejas y carrosonas! Nosotras somos las locas terribles... ¿Qué más quieres, hijo, que te diga? ¡Las otras son unas antiguas, pseudointelectuales…!
Nos volvemos a sentar y, secándonos las lágrimas, seguimos preguntando:
—¿Entonces tú no necesitas movimientos reivindicativos?
—¿Yooo? ¿Pa qué, pa qué? Mira, yo soy una antigua, y a mí me gusta el morbo. ¿Que estamos marginadas? Bueno, ya me defenderé yo cada vez que haga falta. ¡Tengo yo una lengua poco perversa para defenderme! ¡Tanta hostia! está ya uno harto de tantas tonterías.
—¿A ti, todo eso del rock y de la nueva cultura, cómo te va?
—Ay, yo eso no, a mí no me gusta el rock. Yo soy muy antigua, a mí me gusta la música clásica. Chopin, Mozart, las cantigas de Santa María, la música antigua española, el mozárabe... –mira por dónde, que la folklórica nos ha salido clásica–. El rock me aburre muchísimo, y el rock catalán y el rock andaluz, horribles, ese disco de Veneno es una mierda. Lole y Manuel me gustan mucho. Pero el rock, el punk y todo eso...
—¿Tú no tienes nada que agradecer a esa moda que impuso el gay rock, que han creado un ambiente que te puede permitir moverte con más margen?
—No. Esos señores a mí no me dicen nada. Estará muy bien, yo no los tiro por el suelo, pero a mí no me sirven.
—¿Te identificas con los libertarios? Participaste en su fiesta...
—No, yo no me identifico con nada. Yo fui a desmadrarme y a divertirme, porque era una fiesta grande, de jóvenes... y ya está, pero yo no me identifico con gente con carnet político. Pero, vamos, ésos son los más graciosos de todo el país. Puede ser que yo esté más cerquita de ellos que de otros, pero yo no sé lo que es ser anarco, ni tengo carnet de ningún partido político, solamente el de identidad porque lo considero necesario, y no tengo ni seguro ni nada.
—¿Eres un individualista feroz?
—Puede ser. Uyyy, soy un feroz individualista. Pero «feroza». «Feroza» y sin melenas pelirrojas emprestadas. Que lo coja el que quiera.
—¿Qué opinas del nuevo travestismo, de las hormonas y todo eso?
—A mí no me hace falta hacer nada de eso, porque no me siento travestí ni un marica, ya lo he dicho muchas veces. Lo que me siento es persona, y creo que el sexo no me tiene por qué definir. Lo que pasa es que en esta sociedad te definen y a todo tienen que ponerle nombre. No me gusta que me metan en una caja y me pongan una etiqueta.
—¿Pero tú no favoreces eso con tu exhibicionismo, que se basa en una transgresión sexual?
—Bueno, mira... más que nada, cuando yo me disfrazo lo hago provocando a la gente. A una gente la provocó y a otra la hago pasar bien. A los garrulos, a los que vienen de trabajar de la fábrica o del campo, pues... les gusta. A lo mejor te están utilizando, pero prefiero ser utilizado por un tío que sale de trabajar en una fábrica que por otro tipo de gente.
—Pero suelen ser los más duros, los más crueles.
—Sí, son muy cabrones, pero a veces prefiero a un toro que me da una corná, que no ese falso toro que va callao y que es más jodido que el otro.
—¿Te has dado cuenta de que para toda esa progresía de ejecutivos, que tienen contactos sociales polivalentes, te has convertido en un objeto de buen ver?
—Sí, me di cuenta hace mucho tiempo. A muchas fiestas de Barcelona me han invitado porque soy un objeto de lujo. Pues, señores, el que quiera un objeto de lujo, va a ser como Andy Warhol. A pagar... –se calla, recuerda, está resentido–. Me han invitado a muchas fiestas como la mona que viene de las Ramblas para hacer disfrutar a los señores, que son unos muertos andantes...
—Eso te molesta...
—Bastante. Algunas veces quisiera ser la Carrie del escenario, para poder matarlos a todos con la mirada. Antes iba a esos sitios porque no me daba cuenta, y para disfrutar, y de vez en cuando... ya me entiendes, alguna carne caía. Cuando me di cuenta, de todas formas, ya no fui más. Si sin vestir me quieren, voy. No me obligaban a ir disfrazado, pero se veía claro...
—¿Y este personaje que creas cuando te disfrazas, es de ficción o es tu alter ego?
—Bueno, es teatro, pero no falso, porque me gusta hacer teatro vestido de tía. Yo utilizo el disfraz de la mujer. No es que yo me sienta una mujer cuando me disfrazo, porque no me siento, y con esto no trato de justificarme en absoluto, lo que pasa es que me convierto en un actor vestido de mujer a la forma antigua, que me gusta mucho, y puedo interpretar papeles, que me fascina. Pero no me siento un travestí... en realidad te portas como un travestí en cuanto que te vistes de mujer, pero yo no soy un travestí. Para mí la idea del travestí es otra, la idea de mi travestí, ¿entiendes?, es la idea del cachondeo, de la locura, el hacer teatro, jugar... pasármelo bien. Yo actúo con el disfraz, no me siento mujer. El travestí que más me gusta es el de vieja.
—Antes decías que preferías relacionarte con los que vienen de trabajar en una fábrica, aunque fueran más crueles, que con esa progresía intelectualoide. En cambio te has venido a una ciudad buscando eso mismo.
—Bueno, no exactamente buscando eso, porque tampoco estoy siempre en un lado, ¿entiendes? Últimamente paso bastante de esa gente los modernos que se reúnen en Zeleste, por ejemplo, pero también me gustan, como me gustan los garrulos; me encanta cómo hablan –sonríe enternecido–. Soy bastante brujo.
—¿Te interesa la magia?
—Ay, sí. No me la creo pero me fascina. Es como Dios. No lo veo, pero me encantaría encontrármelo una noche frente a frente. Con un Dios hecho de carne. Una vez hacía el amor con una amiga mía, y me decía: «Ay, Ocaña, yo quiero hacer el amor con Dios».
—¿Y lo más cercano que encontró fuiste tú?
—Claro. La diosa Ocaña. Porque también tengo mis desviaciones. A veces me voy con mujeres, fíjate qué raro.
Ocaña, una abeja reina que disfruta con un cuadro de Chagall o Modigliani, y un cuplé de Juanita Reina. Definitivo.




Publicación: Fotogramas, n.º 1542
Fecha: 05/05/1978
Página: 27, 28, 29 y 44
Autoría: Martí Font y Diego Carrasco

OCAÑA EN ZARAGOZA (UNA DE VAMPIROS UNDERGROUND)



Paco Rallo nos ha mandado estas siete fotos que documentan el paso de José Pérez Ocaña por Zaragoza.
Del 10 de octubre al 10 de noviembre de 1979, en la galería Pata Gallo, pudo verse la exposición Incienso y romero, que incluía dos instalaciones anteriores: el velatorio de Un poco de Andalucía (Barcelona, septiembre de 1977) y una reelaboración de la Virgen del Rocío de Couleur et fête populaire (Besanzón, mayo de 1979), que Ocaña transmutó para la ocasión en Virgen del Pilar.
Esta serie de fotos, procedentes del archivo de Paco Simón, se centra en la performance que el grupo de teatro El Grifo montó alrededor de la instalación del velatorio ("un velatorio donde la gente se lo pasa bien", en palabras del propio Ocaña), entendiendo a la perfección la esencia lúdica del arte ocañí y aportando su propio mundo, en este caso, vampírico. 

Performance del grupo El Grifo.
Foto: autoría desconocida, archivo Paco Simón.

Paco Simón intentando resucitar a la muerta.
Foto: autoría desconocida, archivo Paco Simón.

Ocaña vampirizado por Paco Simón
Ocaña vampirizado por Paco Simón.
Foto: autoría desconocida, archivo Paco Simón.

Ocaña mostrando el chupetón a la concurrencia (a su derecha, Dionisio Sánchez, director del grupo El Grifo).
Foto: autoría desconocida, archivo Paco Simón.

Foto: autoría desconocida, archivo Paco Simón.

Foto: autoría desconocida, archivo Paco Simón.

Foto: autoría desconocida, archivo Paco Simón.

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UN FIN DE AÑO CON OCAÑA #1 (DALT DEL COTXE HI HA UNA NINA)



HEMEROTECA (21/01/1977): 

FIN DE AÑO EN EL PUEBLO ESPAÑOL 
Dos públicos para una fiesta 

A las cero horas y cinco minutos de la noche, un conocido personaje llamado Ocaña, tranvestido de mujer-vamp con plumas y todo, inició un aplaudidísimo striptease, subido en lo alto de una camioneta situada en el centro de la plaza central del Pueblo Español. Nadie le siguió en su parsimonioso desvestirse, entre otras cosas, porque el tiempo invitaba más a vestirse. El striptease fue un número más de los muchos que montó las Assamblea de Treballadors de l'Espectacle (ADTE) en su "Gran Revetlla de la Calça i el Sidral".


NO TENEMOS EL DOCUMENTO COMPLETO.
SI TÚ LO TIENES, POR FAVOR, MANDA UNA COPIA A:

Publicación: Disco Exprés, n.º 410
Fecha: 21/01/1977
Página: 15
Autoría: (texto) ¿? y (foto) ¿?

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OCAÑA EN "MODA 1 MAGAZINE"








Publicación: MODA 1 MAGAZINE, Nº 3
Fecha: 10-11/1982
Página: PORTADA, 2, 22, 23, 24 Y 25
Autor: (TEXTO) ONLIYÚ, (FOTOS) IBÁÑEZ Y SANMARTÍN



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OCAÑA Y LA MINIFALDA





Publicación: ¿?
Fecha: ¿?
Página: 10
Autor: J. M. GARAYOA




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> LOS MODELOS DE LA OCAÑA (2)

UNA TARDE CON EL LAMA YESHE



Publicación: EL NOTICIERO UNIVERSAL
Fecha: 08/10/1982
Página: 30
Autor: (TEXTO) ALBERTO CARDÍN Y (FOTOS) MARTA SENTÍS




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> TESIS (GRATUITAS) SOBRE EL ARTE OCAÑÍ

IRONNA Y OCAÑA


Yo tenía ocho o nueve años cuando mi madre nos llevó a la expo de la Capella de la Misericòrdia.

Recuerdo estar impactadísima por tanto colorido... ¡Esos ángeles! Yo quería ser artista y ese lugar me entusiasmó. A mí me gustaba uno, pequeñito, medio escondido... Tan tímido como yo.

Nos dieron unos papelitos con unos números. Estaba tan en mi mundo, flipando con las formas y colores, observándolo todo desde mi pequeño universo, que no me di cuenta de que se estaba sorteando una de las piezas. De repente, mi madre me levantó la mano que agarraba el papelito... ¡¡¡Me había tocado a mí!!! No os podéis imaginar mi sorpresa. ¿Cuál era, cuál era? Pues me tocó... ¡el tímido angelito de la esquina! ¡Qué alegría! Le pusimos Carmelo.



No tengo recuerdos nítidos de Ocaña ese día... Se me confunden las noticias de su muerte poco tiempo después, las imágenes del film de Ventura Pons (que vi años más tarde) y el sueño vivido en esa capilla, donde por cierto expuse el año pasado en una colectiva.

En definitiva, esa pieza me acompaña desde entonces.

¡Un saludo!

Ironna




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¡A LA MANIFESTACIÓN!


(Archivo: La Rosa del Vietnam)

COORDINADORA DE COL·LECTIUS PER L'ALLIBERAMENT GAI

El pasado lunes, día 24, alrededor de las 11 h de la noche, el conocido Ocaña fue agredido físicamente y detenido por la Policía Municipal en el centro de las Ramblas. La respuesta de la gente contra la agresión fue inmediata, arrojando contra la policía botellas, sillas, vasos de las terrazas de esa zona. A partir de ese momento la policía, pistola en mano y aporreando a la gente, desalojó toda esa zona deteniendo además a 4 personas. De las 5 personas detenidas, 3 de ellas -José, Nazario y Ocaña- pasaron posteriormente a la Cárcel Modelo con la acusación inverosímil de agresión a la policía. (Ahora a los actos de defensa se les llama agresión.)

Es este un hecho más en la escalada de represión que constantemente se ejerce ya no solamente contra los homosexuales sino contra todos aquellos que cotidianamente planteamos nuevas formas de expresión y comunicación públicas frente a las que impone este sistema.

Este no es un hecho aislado, sino que se inserta dentro de las detenciones constantes que en las últimas semanas se están dando en las Ramblas. Homosexuales y no homosexuales, travestis, jóvenes, que por la forma de vestir, por expresar libremente su homosexualidad, etc., están siendo detenidos, llevados a la comisaría y la mayoría de las veces apaleados salvajemente en ella.

La propia presencia permanente de la policía en las Ramblas es una muestra evidente de la agresión constante que este Estado está ejerciendo sobre la población que intenta en ellas expresarse abiertamente.

Mientras, en un bar de encuentro de homosexuales, "El Ciervo", la policía entraba en el local y tras desalojarlo trasladó a todos los allí presentes a la comisaría. En Madrid, la zona del "ghetto", está siendo también agredida por la policía. En casi cada esquina sus coches se mantienen ahí permanentemente, atemorizando a la gente que se encuentra por esa zona.

La represión hacia la homosexualidad sigue aquí presente, como en otros países, ejercida por un Estado que basa su política en las buenas palabras por un lado, y en la violencia permanente por el otro. Represión sistemática desde el atentado a la libertad de expresión que significó el encarcelamiento de "Els Joglars" hasta los últimos acontecimientos vandálicos protagonizados por la policía en Euskadi.

La democracia, que desde el Estado la burguesía ha intentado imponer, está demostrando su verdadera cara, la de la represión sistemática hacia todo lo que puede suponer un cambio real de este sistema. Los atentados a la libertad de expresión, a la libertad sexual en la calle, son un signo más de la violencia sistemática mediante la cual quieren mantener su opresión.

Frente a ello, todos los trabajadores, las mujeres, los jóvenes, homosexuales, lesbianas y travestis, debemos dar una respuesta capaz de mostrarles que estamos en contra de sus agresiones y que estamos dispuestos a luchar contra la represión permanente que se ejerce desde el Estado.

Acudamos todos, en este sentido, a manifestarnos el domingo día 30 a las 7 h de la tarde en las Ramblas, a la altura de la Plaza Real.

¡POR LA LIBERTAD DE TODOS LOS DETENIDOS!
¡CONTRA LA REPRESIÓN EJERCIDA A LOS HOMOSEXUALES, LESBIANAS Y TRAVESTIS!
¡POR LA LIBERTAD SEXUAL EN LA CALLE!
¡AMNISTÍA TOTAL!
¡CONTRA LA REPRESIÓN DEL ESTADO!

COORDINADORA DE COL·LECTIUS PER L'ALLIBERAMENT GAI



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"FLORS I ROMANÍ"





De noche, como para una procesión marítima secreta copiada a la de la Virgen del Carmen, Ocaña embarca en el Ciudad de Badajoz, uno de los buques de la compañía Transmediterránea que unen Barcelona y Palma.
No viaja solo, le acompañan Perico, la Fernanda, Abdul (Obdulia, que diría la Fernanda), las vírgenes, el coro de ángeles y un montón de cuadros...
El ayuntamiento de Palma le ha encargado que vuelva a montar, durante las fiestas de carnaval, LA PRIMAVERA.
El montaje sufrirá ligeros cambios. El primero, el nombre. La exposición pasa a llamarse FLORS I ROMANÍ. No es para menos, visto el clima adverso que, auspiciado por un sector de la prensa palmesana, encuentran nada más pisar la isla. Eso y una gran nevada que deja Mallorca más blanca que una ensaimada...

FLORS I ROMANÍ tuvo lugar del 11 al 28 de febrero de 1983 en la Capella de la Misericòrdia de Palma de Mallorca.


(Fotos: archivo Pedro A. Martínez Mora, Perico)

 
 
(Fotos: archivo Pedro A. Martínez Mora, Perico)

 
(Fotos: archivo Ofèlia Roca)




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